
Yo quería que el miedo no pudiese
conquistar el espacio conquistado,
que no fuera casual el desencuentro
ni el encuentro tan triste y desolado.
Yo quería porque me era imprescindible
tener la soledad con menos suerte,
saber que el sueño se concilia con tu espalda
asidero del silencio que aun me duele.
Tu sabias que nada es imposible,
que no hay dicha sin dolor que nos revele,
que el tiempo perdido en lamentarse
es perdido y para colmo para siempre
Tu sabías que llegar era inminente,
que traería conmigo mas que el sueño,
la barba encanecida sin remedio
y otra arruga en el temple de mi ceño
Tu decias, que dijeron los de siempre
que nada se transforma sin el riesgo,
sin la absurda persistencia de los tontos